
Lo básico lo sabemos muy bien: la limpieza es el primer paso de la rutina cosmética. Pero, ¿por qué resulta esencial? ¿Cuáles son las consecuencias de no realizarla correctamente? ¿Y cuál es el procedimiento ideal que debemos seguir en casa? Consultamos con una especialista sobre este tema, y nos respondió con estas tres preguntas para convertirte en toda una experta en la materia.
La experta afirma que por la noche es cuando tu dermis tiene un mayor grado de toxicidad ya que sobre ella se ha ido acumulando (a lo largo de todo el día) toxinas, grasa, sudor, contaminación, maquillaje… Si no retiras toda esa suciedad, los poros se obstruyen y no pueden regenerarse. Unos poros colapsados suelen ser el principio de unos poros dilatados que se ensucian con mayor rapidez haciendo que aparezcan los temibles puntos negros. Además, la piel pierde más agua y elasticidad.

Nunca es tarde para adoptar unos saludables hábitos belleza. Convierte la limpieza en un gesto diario (sin olvidar el tónico) y realiza un peeling una vez a la semana. Además, debes personalizar tu tratamiento lo máximo posible. Si eliges un serum que actúe en sinergia con tu crema y un contorno de ojos que no te irrite, paliarás los efectos de ese despiste constante con tu limpieza. ¿El plus? Visita un centro estético de forma periódica para darte unos mimos.
Debes empezar utilizando una leche o gel limpiador que limpie la piel mientras la deja activa y permeable con el fin de que los activos penetren mejor. La experta recomienda usar fórmulas biotecnológicas (modificadas molecularmente son más compatibles con la piel) y enzimáticas (trabajan desde dentro), libres de jabón para que no resequen la dermis. Después debes aplicar el tónico para reequilibrar el pH de la dermis antes de extender el tratamiento. Ah! Y una vez a la semana aplicar un peeling enzimático. Se trata de una crema a base de enzimas de levaduras que actúa contra las bacterias, purifica la piel y facilita la penetración de los activos.