
Empecemos por un aspecto polémico. Solemos guardar nuestros cosméticos en el cuarto de baño un espacio que suele estar poco ventilado y donde el agua caliente de las duchas diarias hace que la atmósfera de la sala se eleve varios grados más que la del resto de la casa, al menos una vez al día. Por desgracia para nuestros cosméticos esto es un problema ya que el calor no les sienta bien pero sabemos que, en términos prácticos, a todas nos gusta tenerlos cerca del espejo, el lavabo y las toallas.
Bueno, en ese caso por lo menos colócalos en un estante que esté lo más separado posible de la ducha y el radiador y cerca de la puerta (la ventilación les vendrá bien).
- ¿Qué debemos saber sobre los productos de maquillaje con textura en polvo (sombras de ojos, iluminadores, polvos fijadores…)? Pues que son enemigos de la humedad.
Guárdalos, por ejemplo, dentro de un neceser a prueba de agua.
- La higiene es otro aspecto a cuidar. Si tus cremas tienen un envase con dispensador no hay problema, pero si tienes que meter los dedos dentro del envase para aplicarte el producto deberías lavarte las manos antes de hacerlo. También los pinceles y brochas están en contacto permanente con las texturas de maquillaje e incluso no es raro que alguna vez se puedan caer al suelo. Si sucede eso podrían llenarse de bacterias que, después, se manifestarían en tu rostro en forma de granitos, reacciones alérgicas… Por eso es imprescindible que limpies estas herramientas cuando se caigan y, de modo regular, cada 15-30 días. ¿Cómo hacerlo?
Con jabón neutro o champú para niños. Es importante que las aclares muy bien boca abajo y las seques en horizontal sobre una servilleta de papel.
- ¿Te gusta lucir tus uñas a la última? Pues deberías cuidar cómo conservar tus esmaltes. Ellos, por ejemplo, no sufren con la exposición a la luz solar pero sí con la cercanía a los focos de calor ya que eso hace que se sequen antes.
Por eso te recomendamos que limpies el bocal con papel después de cada uso para garantizar que se cierra bien. De todos modos, si notas que pasado un tiempo está menos fluido, añade una o dos gotas de acetona (no quitaesmalte porque tiene otra composición no adecuada).
- Tampoco dejes tu perfume favorito cerca de una fuente de calor (una ventana a la que le da directamente el sol o en invierno los radiadores). Y además tienes que mantenerlos oscuros porque algunos de sus componentes son fotosensibles (¿te has fijado en que muchas veces se venden en envases azules o marrones oscuros?). Por eso, guárdalos siempre el packaging original.
- Para evitar el calor, puedes guardar las cremas de la cara con textura en gel –una de las más utilizadas en las pieles grasas- en la parte alta de la nevera (es la que tiene la temperatura más alta). Este gesto, además, tiene un efecto secundario muy beneficioso para ti: al aplicar un producto frío sobre la piel del cutis se disimulan sus poros ya que el frío los contrae y los hace menos visibles.
- Todos los aerosoles y los productos depilatorios con base de cera también se tienen que alejar de las fuentes de calor. Y si eres aficionada al agua termal en spray –ese producto capaz de añadir un plus de hidratación a tu piel o calmarla cuando está sensibilizada- hay un truco que no es que la mantenga mejor sino que aumenta el placer de su uso: guardarla en la nevera.
- ¿Llevas un pequeño neceser en el bolso? En ese caso sería mejor que fuera de un tejido natural (algodón, por ejemplo) que de plástico para que estén ventilados y no tomen temperatura.
En cualquier caso, y como regla general, cuando un cosmético cambia su color original o su textura se separa en dos fases ha llegado la hora de renovarlo. No te arriesgues.
Fuente: maquillaje.about.com