
Una piel limpia y libre de impurezas es fundamental para absorber mejor los productos de la rutina de belleza. Con la ayuda de especialistas desmitificamos algunas creencias que giran en torno a la limpieza facial y corroboramos otras.
Se suele creer que las personas con piel sensible deben limpiarse menos, pero no es cierto, la cantidad no varía. Lo que sí es verdad es que ellas necesitan productos especiales ya que su problema está en el film hidrolipídico. “Las pieles sensibles tienden a ser secas, a tener rosácea, se irritan fácilmente con el frío, sol y contaminación. Al no mantener una rutina de limpieza en la mañana y noche pueden aparecer pústulas, comedones, alergias o primeros signos de envejecimiento”, dice Mónica Böhmer, cosmetóloga y directora de Medsthetik.
En general, el exceso de agua en la limpieza, a diferencia de lo que se cree, puede secar o generar dermatitis en aquellas personas más obsesivas con la limpieza, cuenta la dermatóloga de Clínica Las Condes Patricia Apt, por lo tanto, las pieles muy sensibles deben evitar la limpieza con agua y en el caso de las personas que utilizan productos que requieran de ella, siempre tibia, dice Mónica Böhmer, y después pasar un tónico o agua termal.
Efectivamente, la exfoliación se recomienda una a dos veces por semana como máximo y según las necesidades de cada persona. “Se debe hacer con productos adecuados para el tipo de piel. No es recomendable en pacientes con pieles sensibles, hiperreactivas o con algunas patologías como rosácea”, explica la dermatóloga y directora del centro Globaderm, Carla Muñoz.
Para los que creen que es así, ojo. Las especialistas explican que el agua caliente puede producir inflamaciones e irritaciones en la piel y no alcanza a limpiar bacterias. Por otra parte, el agua fría produce vasoconstricción, que tampoco es recomendable para la piel. Además, algunas patologías se ven empeoradas con estas temperaturas extremas. “Dado que el agua contiene cloro y otros elementos irritantes, se sugiere usar limpiadores especiales como aguas micelares o lociones suaves de limpieza en lugar de lavar el rostro con agua”, dice Carla Muñoz.

Cuidado las que siguen esta práctica. Aunque no nos maquillemos, en el ambiente hay contaminación y otros agentes dañinos. “La limpieza es el paso básico y más importante para un rostro saludable, luminoso, hidratado y nutrido. El aire contiene muchos contaminantes que ensucian la piel y activan las glándulas sebáceas, dejando la piel opaca, los poros dilatados, etc. Por lo que no maquillarse no implica saltarse este paso tan importante”, dice categórica Mónica Böhmer.
Mónica explica que de noche nuestras células se regeneran mientras dormimos, por lo que la piel debe estar limpia para que pueda respirar y renovarse mejor. “Y en las mañanas hay que partir con una limpieza para que se absorban bien los productos hidratantes y se pueda defender frente a los distintos estímulos y agresiones como el sol, calor, frío, contaminación”, dice.
En realidad depende de la leche que se use, cree Patricia Apt. “Si son muy oleosas, quizás sí puedan favorecer la aparición de granitos”. Pero Mónica Böhmer cuenta que si una leche está testeada como “no comedogénica”, no debería influir.
Si estamos maquilladas, dice Mónica, es necesario repetir varias veces hasta que salga limpio el algodón. Pero hay que cuidar de no irritar. “La finalidad de la limpieza es respetar la integridad de la piel, eliminando células muertas, impurezas, manteniendo el manto ácido y el equilibrio fisiológico de la piel”, explica.
La limpieza efectivamente facilita la absorción de los ingredientes benefactores propuestos para cada caso, dice Mónica Böhmer.
Esta es la zona que tiene la piel más delgada, seca, frágil y pobre en colágeno y elastina, explica Mónica, es por eso que requiere de un cuidado y limpieza especiales. “Lo ideal es desmaquillar con vaselina y un algodón húmedo”, cuenta.
Fuente: revistamujer.cl